Por Nidia Sánchez

Los fideicomisos que eran destinados a la investigación científica –que se eliminaron tras una votación en el Senado de la República- y los apoyos que a partir del año pasado, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), retiró a las universidades privadas, tiene severas consecuencias.
Afecta por una parte a los académicos que pertenecen al Sistema Nacional de Investigadores (SIN).
En el caso de los investigadores en el último cuatrimestre de 2020 se les informó que ya no se les iba a proveer de recursos a las universidades privadas, y es necesario expresar el desacuerdo por estas decisiones en que quedarán solo con nombramientos, reveló en el anonimato una académica con doctorado de una universidad privada de Puebla.
Los investigadores de las escuelas privadas ven un desequilibrio en el trato que reciben, mientras que a las universidades públicas se les da toda clase de apoyos.
El punto medular es que a pesar de que la balanza de los recursos se inclina a las universidades públicas, a la hora de dar resultados hay el mismo rigor a pesar del trato desigual. La pregunta es ¿cómo pretenden que los trabajos de los investigadores avancen en las universidades privadas con este retiro de recursos?.
Consideró que estas medidas son discriminatorias para las universidades privadas ya que es difícil tener una plaza en una universidad pública porque hay favores políticos y no son los méritos los que se toman en cuenta para los puestos.
En muchos casos los catedráticos en las universidades públicas no tienen perfil académico, con maestría o doctorado.
Por otra parte, la realidad es que también el pago de becas de Conacyt a los alumnos presenta atrasos desde diciembre, enero y en otros casos tienen tres meses en espera de los recursos.
El reglamento que rige a quienes tienen las becas es que no deben laborar mientras se está becado por el Conacyt, sin embargo, ante la situación han tenido que comenzar a hacerlo.
El panorama para la ciencia es algo incierto en el país, lo era desde antes, cuando mentes brillantes emigraron para avanzar en sus investigaciones en otros países donde sus trabajos reciben apoyos.

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