Por Karina Maldonado

Subdirectora de Innovación y Transferencia Tecnológica del Concytec

Silicon Valley suele verse como un símbolo inalcanzable de innovación, pero su historia ofrece una lección valiosa: el progreso surge de la articulación entre conocimiento, talento y una visión compartida. La Universidad Stanford impulsó empresas nacidas de la investigación científica, promovió incubadoras, licencias y paquetes tecnológicos, y así surgieron gigantes como HP, Google o Cisco. Es lo que puede lograrse cuando la ciencia encuentra un camino claro hacia la sociedad.

En el Perú, el reciente Índice de Capacidades en Transferencia Tecnológica (ICTT) 2025, elaborado por el Concytec, brinda una fotografía realista del nivel de preparación actual de nuestras instituciones para conducir procesos de traslado de las investigaciones al mercado. Se evaluaron cinco dimensiones clave en 67 organizaciones –universidades públicas, privadas e institutos públicos de investigación– concluyendo que el país se encuentra aún en una etapa temprana de desarrollo.

Lejos de ser una señal de desaliento, la situación representa una oportunidad, pues el estudio evidencia una base importante sobre la cual es posible avanzar. En particular, la dimensión de Propiedad Intelectual muestra un crecimiento sostenido en cuanto a cultura de protección de invenciones. El desafío pendiente consiste en fortalecer los mecanismos que permitan que las ideas se originen en las necesidades del entorno y, una vez desarrolladas, logren transitar hacia el mercado, la industria o el Estado.

El futuro de la transferencia tecnológica en el Perú depende de la maduración de las capacidades existentes y de una mayor vinculación entre la academia y el sector privado.

También destaca un grupo de instituciones que ya alcanzan niveles intermedios superiores de capacidad –entre ellas la Universidad Nacional Agraria La Molina, Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa, Pontificia Universidad Católica del Perú, Universidad de Ingeniería y Tecnología, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Universidad Privada del Norte y el Instituto Tecnológico de la Producción– demostrando que sí es posible desarrollar estructuras con potencial para la transferencia tecnológica en el país. Su avance es una señal alentadora: existen experiencias locales que pueden servir como referencia para su multiplicación.

El ICTT también permite identificar brechas territoriales y de capacidades, lo que abre la puerta a políticas diferenciadas y más efectivas. Tener un mapa claro es, en sí mismo, un avance estratégico. Pero, lo más importante es que el informe propone una hoja de ruta concreta: fortalecer y profesionalizar las Oficinas de Transferencia Tecnológica, darles continuidad presupuestal, orientar la investigación hacia el mercado, mejorar el empaquetamiento de tecnologías y promover vínculos sistemáticos con empresas. Son pasos alcanzables, que requieren decisión y colaboración.

Si entendemos que la transferencia tecnológica es un motor del desarrollo, entonces este momento representa una oportunidad. Se tiene talento, creatividad y una comunidad científica en crecimiento. Solo falta profundizar y madurar las capacidades existentes, así como desarrollar confianza y articulación. Con visión, constancia y alianzas, podemos transformar el conocimiento en bienestar y abrir un camino propio hacia la innovación. (El Peruano)