La Doctrina Monroe es el principio histórico de la política exterior estadounidense que, desde el siglo XIX, ha servido como justificación para intervenir en América Latina y el Caribe. En el caso de Venezuela y la región caribeña, esta doctrina se ha reinterpretado como un marco geopolítico que legitima acciones militares y diplomáticas de Estados Unidos bajo la premisa de evitar influencias externas y asegurar sus intereses estratégicos.
La Doctrina Monroe: Origen y evolución
El presidente James Monroe proclamó que cualquier intento europeo de colonizar o intervenir en América sería considerado una amenaza para la seguridad de Estados Unidos. El objetivo original era proteger la independencia de las nuevas repúblicas latinoamericanas frente a la restauración colonial europea.
Sin embargo esta política sufrió una transformación posterior: A lo largo del siglo XX, la doctrina se convirtió en un instrumento de hegemonía regional, justificando intervenciones militares, bloqueos económicos y operaciones encubiertas en América Latina.
Aplicación contemporánea en Venezuela y el Caribe
En enero de 2026, la administración de Donald Trump invocó explícitamente la Doctrina Monroe para justificar la operación militar que culminó con el arresto de Nicolás Maduro.
En el Caribe, la región es vista como un espacio estratégico por su proximidad al territorio estadounidense, sus rutas marítimas y sus recursos energéticos. La doctrina se utiliza como argumento para impedir la influencia de potencias como Rusia y China en el área.
La narrativa oficial de Washington sostiene que estas acciones buscan preservar la estabilidad regional y evitar “intromisiones externas”, aunque críticos las interpretan como una reafirmación del control imperial sobre América Latina.

Implicaciones políticas y críticas
Soberanía y autodeterminación: Para muchos gobiernos y movimientos sociales latinoamericanos, la aplicación de la Doctrina Monroe representa una violación de la soberanía nacional y del principio de no intervención.
Países y organizaciones como CELAC y ALBA han denunciado estas acciones como un retroceso hacia prácticas neocoloniales. Lo que nació como un mecanismo de defensa contra Europa se ha convertido en una herramienta de dominación estadounidense, una contradicción histórica.
Impacto en América Latina La Doctrina Monroe sigue siendo un eje central de la política exterior estadounidense en el Caribe y Venezuela. Aunque su formulación original buscaba proteger a las nuevas repúblicas, hoy se percibe como un instrumento de hegemonía que legitima intervenciones militares y políticas. Su aplicación actual refleja la tensión entre la visión imperial de seguridad estadounidense y la búsqueda latinoamericana de soberanía y pluralidad política.
En este sentido, cada acción de Washington en la región no sólo tiene consecuencias inmediatas en términos de seguridad y economía, sino que también reabre el debate sobre el derecho de los pueblos latinoamericanos a decidir su propio destino sin tutelas externas.
La Doctrina Monroe y su vigencia geopolítica
La Doctrina Monroe, proclamada en 1823, estableció que América debía permanecer libre de intervenciones europeas, pero con el tiempo se transformó en un principio de hegemonía estadounidense sobre el continente. En el siglo XXI, esta doctrina sigue siendo invocada como marco geopolítico para justificar acciones militares y diplomáticas en América Latina y el Caribe. La detención de Nicolás Maduro en Venezuela, bajo operaciones que se inscriben en esta lógica, refleja cómo Washington interpreta la región como su esfera de influencia. La geopolítica de la doctrina no se limita a la defensa, sino que se convierte en un instrumento de control estratégico frente a potencias como Rusia y China.

La OEA como jurisdicción política regional
La Organización de Estados Americanos (OEA) fue creada en 1948 con el objetivo de promover la paz, la democracia y la cooperación en el hemisferio. Sin embargo, su papel ha estado marcado por tensiones entre la defensa de la soberanía de los Estados y la influencia de Estados Unidos en sus decisiones. Ante la detención de Maduro, la OEA se enfrenta a un dilema: respaldar la narrativa estadounidense de restauración democrática o denunciar la intervención como violación de la soberanía venezolana. Su jurisdicción política se convierte en un espacio de disputa, donde las resoluciones reflejan la correlación de fuerzas entre gobiernos alineados con Washington y aquellos que defienden la no intervención.
Reacciones posibles de la OEA
La reacción de la OEA probablemente oscile entre la legitimación de la acción estadounidense y la crítica de algunos países que la consideren un acto de injerencia. En el Consejo Permanente, Estados afines a la política de Washington podrían argumentar que la detención de Maduro abre la posibilidad de transición democrática en Venezuela. Sin embargo, otros miembros, especialmente del Caribe y sectores vinculados a ALBA, podrían denunciar la operación como una reedición de la Doctrina Monroe. La OEA, en este escenario, corre el riesgo de profundizar su imagen de organismo subordinado a los intereses de Estados Unidos, debilitando su legitimidad como foro multilateral.
Implicaciones para la política regional
La aplicación contemporánea de la Doctrina Monroe y la reacción de la OEA tienen implicaciones profundas para la política latinoamericana. Si la OEA legitima la acción, se consolidará la percepción de que su jurisdicción está condicionada por la hegemonía estadounidense. Si, en cambio, se produce una fractura interna con voces críticas, la organización podría enfrentar un debilitamiento institucional y una pérdida de credibilidad. En ambos casos, la detención de Maduro se convierte en un punto de inflexión que reabre el debate sobre la autonomía regional y la necesidad de construir mecanismos alternativos de integración que no dependan de la tutela de Washington.
Fuente: Polémica & Debate




