Por Julio Herrera
Pedro Granados, poeta y reconocido escritor peruano de la actualidad, es también un especialista en el estudio de la obra de César Vallejo. A su tesis de PhD para la Boston University, “Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo” (Lima: PUCP, 2004); se le suman: “Trilce: húmeros para bailar” (2014) y “Trilce/Teatro: guión, personajes y público”, (Prêmio Mario González de la Associação Brasileira de Hispanistas 2016). Entre sus poemarios destacan: “Vía expresa”, “Soledad impura”, “Roxosol”, “La mirada”, entre otros. En narrativa ha publicado “Prepucio carmesí”, “Un chin de amor”, “Una ola rompe” y “Poeta sin enchufe”. En esta breve entrevista conversamos con Pedro Granados sobre la cosmovisión subyacente en la obra de César Vallejo, en especial en Trilce, donde encontramos interesantes referentes a la identidad peruana, tanto en la encarnación del Inca como en la consustanciación de lo peruano con lo barroco. Incluimos también “Por lo tanto”, uno de sus más recientes poemas.
Siendo Trilce (1922) un poemario vanguardista publicado hace más de un siglo, ¿por qué su lenguaje sigue sonando con tanta fuerza y vitalidad en la poesía actual? ¿Por qué la propuesta de lenguaje de Vallejo en Trilce sigue siendo tan audaz como innovadora para la tradición de nuestra poesía y al mismo tiempo tan tópica y referencial al punto que para las nuevas generaciones se hace difícil superar la obra de Vallejo, en especial el lenguaje de Trilce? Según Rodrigo Cánovas (en La poesía de César Vallejo, 1996), Trilce rompe con las formas tradicionales porque postula una poesía que no solo dice, sino que rompe pero que también rehace o reconstruye el habla.
Ni lenguaje ni habla, antes que esto, Trilce es un cuerpo desnudo y fragmentado en vías de su reintegración. De aquí que este poemario encarne a Inkarrí y nos comunique, de modo simultáneo, a todo nivel oximorónico, tanto el duelo por algo que está en ruinas como la dicha de ahora mismo (cotidiana en cada aparición del sol) y futura por el retorno del Inca. Ahora qué significa este retorno: ¿la mascaypacha, un gobierno universal tipo Evo Morales, un común acuerdo de paz y armonía con los poderosos del mundo? Claro que no. Significa, ante todo, en volvernos refractarios al Sol, hoy día o después, y aquí en este mundo; es decir, asumir del todo nuestra ya intuida y cierta simetría. Testimonio de ello lo brindan, aparte de Miguel Grau o San Martín de Porres, también otros poetas en la estela de César Vallejo: Martín Adán o Luis Hernández Camarero. Para no hablar de los seres anónimos (humanos y animales) que no viven únicamente para sí mismos, ni sienten ni piensan sólo para sí. Vallejo sigue vivo porque cuando lo leemos repta (como buen Amaru que es) y nos muerde y nos inyecta su veneno.

Algunos críticos, como Enrique Lihn y Antonio Cornejo Polar, han defendido la idea de que Trilce no solo es una vanguardia modernista, sino también una continuación transformada de tradiciones expresivas más antiguas, incluida la estética barroca y una sensibilidad mestiza. Esta línea de análisis interpreta el poemario como un acto de “barroquización del verso”, un recurso que explora la complejidad, la contraposición de opuestos y la multitud de voces como características de una poética relacional más amplia. ¿Podemos vincular este denominado proceso de “barroquización del verso” con el sentido de identidad de la forma de ver y sentir el Perú en la obra de César Vallejo, teniendo en cuenta al barroco como una forma de expresar y de sentir que se arraigó en el Perú muy tempranamente en las etapas formativas de nuestra nacionalidad moderna en el momento en que se produce el mestizaje histórico en el Perú?
Recuerdo que en una ocasión, más privada que pública, Pablo Guevara definió al Barroco como nuestro empaque de intestinos, imagen poderosa. Es decir, el barroco nos es consustancial a muchísimos, diría a casi todo ser vivo que tenga tripa; aunque, en concordancia con el largo de este entripado, unos seamos más complejos o más complicados que otros… aquello de la relación microbiota-cerebro. Tripas, al final, que remedan la figura del círculo; pero no todo es necesariamente redondo, también es lineal o un vértice hacia lo alto. En este sentido, tratando de ligar culturalmente ambos movimientos, en mi libro Trilce manifiesto (2022) acuñé el término Varrojo (Vallejo + Barroco):

A diferencia de Ovidio y de Góngora, y de un arte de “parecer”, en Trilce no nos hallamos solamente ante la gravitación o atracción de un mito marino; sino, conjuntamente, de un mito solar amerindio (Inkarrí) el cual brinda un norte o dirección al poemario de 1922. Es decir, este último, hace cesar y otorga sentido (Escalas) a las incesantes metamorfosis (letra, canto, baile) en las que se halla comprometido el Barroco. De aquí lo de “Varrojo”, en nuestro lema, o aquello que va hacia el rojo (Inkarrí).
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Por lo tanto
El Coricancha no es un templo dedicado
Exclusivamente al Sol mejor dicho
Éste se halla embebido en aquél
Aunque también en el mar sumergido
Una compacta puesta de Sol
De aquéllas que las playas del Pacífico ilustran
Y los famosos ceques en consecuencia
Nos atraviesan o sólo nos tocan
Según la transparencia de cada uno
No existe individuo aislado en la sensibilidad amerindia
Gnomos nos rodean duendes tiran de nuestras vestiduras
Rayos de sol refractados o reflejados
JUSTICIA PARA TODOS
No otro constituye
El legado fundamental de César Vallejo
Ni otro secreto oculta
El crepitante corazón de Luis Hernández Camarero
Una Lima ni horrible ni melancólica
Ni vasto cementerio secular
Un doble Inkarrí uno solo pugnante
Y sin medida
© Pedro Granados, 2026

¿Qué has podido descifrar de la arquitectura de Trilce? ¿Cómo se explica que en Trilce la experiencia traumática del dolor y el sufrimiento personal de César Vallejo se convierten en España Aparta de mi este Cáliz y en Poemas Humanos en el dolor y sufrimiento de una humanidad entera?
Este es un gran lugar común de la crítica especializada, y de la mayoría de lectores no especialistas en Vallejo a los que ha permeado dicha crítica; ya se sufría en Los heraldos negros, ya se sufría en Trilce, pero simultáneamente se invertía también la torta. Es decir, es semejante a cuando en mi época bailábamos salsa con Fruko y su Tesos; si ponías atención a la letra de “Sra. De las Mercedes”, jamás podríamos haber dado ni dos pasos (con el mismo pie izquierdo), pero igual todo el tono bailaba hasta la obscenidad. Lo mismo ocurre en Trilce: pintados dos colores en un plato y puesto a girar, finalmente se impone la dicha. Vallejo, en su poemario de 1922, es un ser henchido de simetría; con su producción poética europea, un tanto más ideologizada, y que él no buscó publicar (lo de España, … fue a la larga algo fortuito), dudo muchísimo que nos pongamos a bailar. Exorcizar con ello el mal, la injusticia, el pecado.
Cuéntanos de tus actuales proyectos literarios. Estás preparando un taller de poesía…
Preparo y ofrezco constantemente talleres de poesía, pero por lo regular con muy relativa convocatoria. De algún modo, como decía Javier Sologuren del “Cholo”, también soy la rueda volada de la carreta de la poesía peruana; es decir…





