«Tilsa Tsuchiya: El ojo de la luna» es un documental experimental peruano recientemente estrenado en Lima. Dirigido por el cineasta Mario Pozzi-Escot y producido por Sol Pozzi-Escot, el largometraje profundiza en la intimidad, la trayectoria y el místico universo simbólico de la célebre pintora y grabadora peruana Tilsa Tsuchiya (1928–1984), considerada una de las figuras más importantes de la historia del arte contemporáneo en el Perú. PORTADA HISPANA conversó con Sol Pozzi-Escot, productor de «Tilsa Tsuchiya: El ojo de la luna».

PORTADA HISPANA.-

El director «Tilsa Tsuchiya: El ojo de la luna», Mario Pozzi-Escot,  grabó a Tilsa Tsuchiya en cintas de 16mm durante las décadas de los 70 y 80, gracias a su amistad con ella. ¿En qué momento y por qué decidió que ese material debía convertirse en el largometraje documental que vemos hoy?

Las artistas como Tilsa Tsuchiya superan cualquier coyuntura, cualquiera moda, están más allá del tiempo. Por eso, durante los años en que se grabaron las escenas del documental, mi padre apostó por un lenguaje experimental, que justamente permita abordar este brillante y enigmático personaje desde un enfoque atemporal. Hoy, décadas después, y a través de la colaboración de nuestra productora con la asociación MAV, Mujeres en las Artes Visuales, este material cobra nueva vigencia no solamente dada la revalorización de la obra de Tilsa, sino la importancia de hacerla dialogar con el presente. Tilsa sigue con nosotros.

Tilsa Tsuchiya Castillo (1928–1984) fue una de las pintoras y grabadoras más importantes de la historia del arte peruano. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Lima, donde formó parte de la célebre «Promoción de Oro» y ganó la Gran Medalla de Oro en Pintura en 1959. Su estilo único combinó de forma magistral las leyendas y mitos precolombinos y andinos con una profunda sensibilidad onírica, un toque surrealista y la filosofía estética de sus raíces asiáticas. Su imagen y legado artístico fueron inmortalizados por el Banco Central de Reserva del Perú al aparecer en el diseño del billete de 200 soles puesto en circulación a finales de 2023.

¿Cómo fue el proceso técnico y emocional de recuperar, restaurar y digitalizar esos archivos después de tantas décadas? ¿Hubo alguna pieza de archivo que daban por perdida y que terminó siendo clave para la película?

La restauración del material se hizo en los laboratorios del maestro Óscar Martin. Mario tomó la decisión de mantener el archivo en negativo, para de esa manera no solamente expresar su propia visión artística y sensible del universo de Tilsa, sino para hacer énfasis en la dimensión onírica del filme. Para mí, fue significó un hito profesional y personal formar parte de esta producción. Mi padre me ha contado hermosas anécdotas de Tilsa y sus demás amigos de la época, además, y, sobre todo, de su hermano Solrac (Carlos Pozzi-Escot), quien falleciera trágicamente a temprana edad, pero fuera quien presentara a Tilsa a mi padre. Las piezas clave fueron justamente esos silencios, esas tomas en clave ocre, o por otro lado en blanco y negro, que expresan el carácter único de Tilsa, su misterio, pero también su convicción personal de rechazar toda exposición mediática innecesaria. Tilsa era de Tilsa.

¿Cómo se logra estructurar un guion cinematográfico con el material reunido sobre la obra de una artista tan importante?

Lanzamiento oficial: La película tuvo su estreno especial el domingo 27 de septiembre de 2026 en el Jazz Zone de Miraflores, Lima.

También fungí de editor de la película, respondiendo a la narrativa planteada por el director, Mario Pozzi-Escot. Él tiene una forma muy suya de trabajar: desde que empieza a grabar, ya tiene en su mente el orden de las imágenes y es en función a eso que se edita. Esta película postula dos acercamientos a Tilsa. El primero, a través de entrevistas hechas en la actualidad, a personalidades como Enrique Galdos Rivas, Augusto Ortiz de Zevallos, Rosamar Corcuera y Jorge Bernuy. La segunda parte es la inmersión total en la creatividad de Pozzi-Escot y su visión del mundo de Tilsa. Para eso, trabajamos los cortes, el ritmo, la música de tal manera que sea representativa de la confluencia de ambas sensibilidades artísticas: personaje y director.

En declaraciones previas, se mencionó que el gran reto fue «encontrar la poética de Tilsa a través de la cámara». ¿Cómo se traduce el lenguaje pictórico, místico y onírico de Tsuchiya al lenguaje puramente cinematográfico?

Sol Pozzi-Escot Noriega (Lima, 1997) es un periodista, escritor, poeta y productor audiovisual peruano. Es reconocido en el ámbito cultural por su labor en medios escritos y por su dirección en plataformas informativas y de gestión artística

A través de pura creatividad. Tanto mi padre como Tilsa son artistas dueños de una visión de su propia creación muy de ellos mismos. Tilsa, a través de sus cuadros, exploraba lo mitológico, lo erótico, el encuentro de lo peruano con lo japonés. Mario siempre ha buscado la poesía en la imagen. La poesía en el encuadre, en la fotografía, en el montaje. Hay, pues, preocupaciones estéticas que ambos a su manera genial, exploraron y exploran. El reto para mi padre, como director, fue darle nueva vida a esta visión de Tilsa, manteniendo siempre su propio lenguaje cinematográfico.

Los cuadros de Tilsa están habitados por seres híbridos, mitología andina y herencia oriental. ¿De qué manera trabajaron el diseño de sonido, la música y la fotografía de la película para evocar esa misma atmósfera mitológica?

En relación al sonido, procuramos expandir la caracterización del personaje de Tilsa y su mundo, a través de una banda sonora instrumental, experimental, en base principalmente a percusiones, que hacen referencia, pues, a ese latir intenso de Tilsa hacia y por el arte. Ese latido que hasta hoy resuena. La fotografía plantea la oposición entre el mundo material y el mundo onírico de Tilsa. Las entrevistas se mantienen en clave realista, mientras que en la que podríamos llamar “sección onírica”, el color, la música, el montaje, hagan entrar al espectador a un cuadro de Tilsa, al corazón de su creatividad.

 

 

 

 

El documental abarca momentos clave de su trayectoria. Desde la perspectiva de  investigadores y cineastas, ¿cuál consideran que fue el periodo más complejo o incomprendido de la vida de Tilsa que este filme ayuda a esclarecer?

Quisiera rescatar, particularmente, el testimonio del Arquitecto Augusto Ortiz de Zevallos, quien cuenta, cartas firmadas por Tilsa en mano, que ella era una pintora que no se interesaba, como todo verdadero artista, por las tendencias, las modas, lo pasajero. Que su preocupación era su mundo estético. Pero que no tuvo una vida fácil, no solamente por su condición de mujer en una Lima machista, ni por su ascendencia asiática, sino porque, al ver cómo su obra iba ganando en valor, hubo personas que quisieron sacar provecho de ella. Sin embargo, ella siempre siguió hacia adelante.

Como productor de este proyecto, ¿Cuáles fueron los mayores desafíos para lograr el estreno nacional de este documental en septiembre de 2026?

El estreno del documental se realizó en el Jazz Zone, con quienes quedamos profundamente agradecidos. No hubo, realmente, problemáticas en ese sentido, ya que Mario viene presentando su proyecto de realización de documentales testimoniales “Un otro cine” en dicho local hace ya más de dos años, con éxito. Sin embargo, no pretendemos que ahí culmine el recorrido de la película. Pronto estaremos comunicando qué rumbo tomará la película.

 

 

 

 

El cine documental de corte artístico suele enfrentar barreras en las salas comerciales. ¿Cuál es la estrategia de distribución para que El ojo de la luna llegue a las nuevas generaciones de jóvenes y estudiantes que quizás no conocen a fondo el legado de la «Generación de Oro»?

Esa es la labor que estamos realizando en este momento. Por ahora, no podemos adelantar lugares ni fechas exactas, pues estamos en coordinaciones. Sin embargo, contamos con aliados en distintos puntos de difusión independientes, así como públicos, donde buscamos llevar la película. Claro, también están las universidades. Todo esto, en Lima y provincia.

¿Qué vacío viene a llenar El ojo de la luna en el registro audiovisual de la historia del arte peruano?

Mucho se habla de los precios exorbitantes en los cuales se ha vendido la obra de Tilsa. Mucho se polemiza sobre su presencia en el billete de 200 soles. Sin embargo, pocos profundizan en la persona. ¿Qué la formó para llegar a ser la artista que fue? ¿Cómo era entre sus amigos? ¿Qué representaba la creación artística para ella? Con esta película, el vacío que se llena es el de una construcción de una Tilsa humana, presente y siempre, incluso hoy, creando.

 

 

 

 

¿Cómo crees que dialoga la obra y la cosmovisión de Tilsa Tsuchiya con las sensibilidades y problemáticas del Perú actual?

Todavía somos un país de contradicciones, víctima del subdesarrollo y de sus propias carencias a nivel cultural, social, económico… Cuando se grabaron las imágenes de Tilsa, este país que tenemos hoy, particularmente la ciudad de Lima, ya había cambiado de cara, ya se asomaba hacia la Lima de hoy. Tilsa dialoga con el pasado, el presente y el futuro: está siempre aquí. He ahí su genio. He ahí el genio que yo, como productor, tengo como responsabilidad asegurarme de hacer llegar a las nuevas generaciones, las que, justamente, tenemos el deber de darle a Tilsa el lugar que se merece en la historia de nuestro arte.