PORTADA HISPANA.-

El reciente informe del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) correspondiente a la edición de 2026 ha vuelto a consolidar a Singapur como el referente indiscutible de la excelencia educativa a nivel global. En un panorama internacional profundamente marcado por el retroceso generalizado en los niveles de comprensión lectora, la ciudad-Estado asiática no solo ha logrado mantener su hegemonía, sino que se ha distanciado notablemente de las demás economías de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), posicionándose en el primer lugar absoluto de la clasificación de competencia lectora. Este liderazgo cobra un valor especial al analizarse en el contexto de la crisis educativa global que la propia OCDE ha calificado de histórica. Mientras la gran mayoría de los países evaluados experimentaron un deterioro agudo y preocupante en la capacidad de sus jóvenes para comprender, evaluar y reflexionar sobre textos complejos, Singapur ha demostrado una resiliencia institucional extraordinaria. Sus estudiantes de quince años exhibieron habilidades avanzadas que superan con creces la media internacional, consolidando una brecha de rendimiento que refleja la solidez y adaptabilidad de su sistema escolar frente a las interrupciones tecnológicas y pedagógicas de los últimos años. El éxito de Singapur en el área de lectura no es un hecho aislado, sino el resultado de políticas sostenidas de alfabetización digital y desarrollo del pensamiento crítico implantadas en su currículo nacional.

La evaluación de PISA 2026 ha medido con rigor la capacidad para navegar entre formatos digitales y discernir fuentes de información válidas, áreas donde los estudiantes singapurenses destacaron de manera sobresaliente. De este modo, los resultados de esta edición reafirman que la estrategia de la nación asiática sigue marcando la pauta del éxito educativo, convirtiéndose en el espejo donde inevitablemente deberán mirarse aquellos países que busquen revertir la tendencia a la baja en la comprensión lectora del siglo veintiuno.

En el panorama internacional de la educación, Singapur se ha convertido en uno de los casos más estudiados cuando se analiza cómo una nación puede desarrollar altos niveles de aprendizaje en sus estudiantes. Sus resultados en comprensión lectora son particularmente significativos.

En la edición 2022 del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, PISA, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, Singapur obtuvo 543 puntos en lectura, la puntuación más alta entre los 80 sistemas educativos participantes con resultados comparables, frente a un promedio de 476 puntos en la OCDE. La distancia no es menor: representa 67 puntos de diferencia. Además, el 22,6 % de los estudiantes singapurenses alcanzó los niveles 5 o 6 de desempeño en lectura, mientras que solamente el 11,2 % se ubicó por debajo del nivel 2, considerado el umbral básico de competencia. Estos resultados permiten afirmar que Singapur no solamente enseña a sus escolares a leer, sino que ha construido progresivamente una cultura educativa orientada a comprender, interpretar, relacionar, evaluar y utilizar la información contenida en los textos.

Sería equivocado buscar en Singapur una receta única o una técnica aislada que explique estos resultados. Lo que existe es un sistema pedagógico articulado en torno a una concepción amplia de la alfabetización. El Ministerio de Educación de Singapur establece en su English Language Syllabus 2020 que el aprendizaje de la lengua debe conducir al desarrollo de habilidades, estrategias, actitudes y comportamientos que permitan comprender diferentes tipos de textos de manera significativa. La lectura se organiza alrededor de tres grandes dimensiones: comenzar a leer y desarrollar los fundamentos, leer de manera cercana y leer amplia y extensivamente con diferentes propósitos. De esta manera, la comprensión deja de ser una actividad limitada a responder preguntas después de leer un texto y se convierte en un proceso intelectual que acompaña al estudiante antes, durante y después de la lectura.

 

 

 

 

Uno de los principios fundamentales del modelo singapurense es la enseñanza explícita de las estrategias de comprensión. Esto significa que el profesor no se limita a entregar un texto y formular posteriormente preguntas para comprobar si los alumnos entendieron. Enseña deliberadamente cómo se comprende un texto. Los estudiantes aprenden a anticipar su contenido a partir del título y de otros elementos paratextuales, activar conocimientos previos, formular preguntas, identificar ideas principales, inferir información que no aparece directamente, resumir, aclarar palabras o conceptos desconocidos, reconocer estructuras textuales y evaluar críticamente la información. Investigaciones desarrolladas por el National Institute of Education de Singapur han mostrado la importancia de esta enseñanza explícita y sistemática, particularmente mediante estrategias como la predicción, la formulación de preguntas, la clarificación y la elaboración de resúmenes.

Una característica especialmente interesante es que el profesor hace visible el proceso mental que utiliza un buen lector. En lugar de presentar la comprensión como una capacidad misteriosa que el alumno debe adquirir por sí mismo, el docente puede verbalizar sus razonamientos mientras lee: explicar qué información está buscando, por qué formula una determinada hipótesis, qué palabra le genera una dificultad, cómo utiliza el contexto para resolverla o por qué considera que una determinada interpretación está mejor sustentada que otra. Esta práctica, relacionada con el denominado think-aloud o pensamiento en voz alta, convierte los procesos metacognitivos en objetos de aprendizaje. El estudiante aprende progresivamente no solamente qué significa un texto, sino también cómo pensar mientras lee. En investigaciones realizadas en escuelas singapurenses, estas estrategias han sido vinculadas con prácticas de enseñanza recíproca en las que los alumnos aprenden a predecir, preguntar, aclarar y resumir de manera progresivamente autónoma.

 

 

 

 

El proceso tampoco termina en la comprensión literal. La política curricular de Singapur plantea una progresión desde la lectura inicial hacia la lectura cercana y posteriormente hacia la lectura crítica y extensiva. Esta concepción resulta particularmente importante porque una persona puede leer correctamente las palabras de un texto y, sin embargo, no comprender sus relaciones profundas, sus presupuestos, sus intenciones o sus implicaciones. Por ello, la educación lectora singapurense busca que los estudiantes desarrollen capacidades para interpretar diferentes niveles de significado, establecer conexiones, formular respuestas personales y críticas y evaluar la información. El currículo oficial señala además que los estudiantes deben trabajar con textos impresos, no impresos, digitales y multimodales, una perspectiva cada vez más relevante en sociedades donde leer significa también interpretar gráficos, imágenes, enlaces, documentos digitales y diversas formas de información.

Otro componente fundamental es la lectura extensiva. El estudiante no debe relacionarse con la lectura exclusivamente a través de los textos seleccionados para una prueba o una actividad escolar. La exposición amplia y frecuente a diferentes géneros permite ampliar vocabulario, conocimientos previos, fluidez, estructuras lingüísticas y capacidad de interpretación. Investigaciones desarrolladas en el National Institute of Education han planteado modelos de intervención que combinan la enseñanza sistemática de estrategias de comprensión con programas de lectura extensiva y una mayor inmersión de los niños en los libros. La idea es pedagógicamente poderosa: la lectura no debe ser solamente una habilidad que se enseña, sino también una práctica cultural que se desarrolla mediante el contacto constante con los textos.

 

 

 

 

En este punto aparece otra característica relevante: la relación entre vocabulario y comprensión. No existe comprensión profunda cuando el lector desconoce una proporción significativa de las palabras, conceptos o estructuras que encuentra en un texto. Por eso, el currículo singapurense integra el trabajo lingüístico con la construcción de significado. El Ministerio de Educación plantea que la enseñanza de las habilidades lingüísticas debe realizarse de manera sistemática y explícita, pero dentro de contextos significativos y en interacción con la construcción de significado. El vocabulario, la gramática y las convenciones del lenguaje no aparecen así como contenidos aislados, sino como recursos que permiten comprender y producir discursos diversos.

La conversación sobre lo leído constituye igualmente una pieza importante. Comprender un texto no significa solamente producir individualmente una respuesta correcta en una hoja de examen. También supone explicar una interpretación, justificarla, escuchar otras posibilidades, comparar evidencias y modificar una idea cuando aparece información que la contradice. Investigaciones realizadas por el National Institute of Education han estudiado estrategias como Questioning the Author, orientadas a convertir la lectura en una actividad de negociación de significado entre docentes y estudiantes. Otros proyectos han demostrado que la transformación de las prácticas de comprensión requiere tiempo, acompañamiento profesional y colaboración entre investigadores y profesores. En una intervención desarrollada durante tres años, los docentes fueron capaces de incorporar nuevas formas de conducir discusiones sobre textos y adaptarlas progresivamente a sus contextos escolares.

 

 

 

 

Esta dimensión resulta especialmente importante para comprender por qué el éxito educativo de Singapur no puede reducirse a una técnica aplicada mecánicamente en el aula. El sistema depende también de la formación y profesionalización docente. Una investigación reciente del National Institute of Education, publicada en 2026, sobre el núcleo de la enseñanza en las aulas singapurenses encontró que las prácticas dirigidas por el profesor continúan teniendo un peso importante, pero también identificó una incorporación creciente de estrategias centradas en los estudiantes, así como un fortalecimiento de las prácticas metacognitivas y de evaluación para el aprendizaje. El mismo estudio recomienda avanzar hacia un equilibrio mayor entre enseñanza dirigida, aprendizaje colaborativo, diálogo, indagación, diferenciación pedagógica y autorregulación del aprendizaje.

Este dato es importante porque desmonta otra idea simplificadora: Singapur no ha alcanzado sus resultados simplemente porque sus profesores “explican más” o porque sus alumnos “estudian más”. El sistema combina instrucción directa con oportunidades para que el estudiante participe activamente en la construcción del conocimiento. La enseñanza explícita cumple una función fundamental cuando se trata de enseñar una estrategia que el alumno todavía no domina; posteriormente, mediante modelamiento, práctica guiada, trabajo en pares, aplicación individual y reflexión, esa estrategia debe transformarse gradualmente en una herramienta propia del estudiante. La finalidad última es que el escolar llegue a leer de manera independiente y pueda regular su propia comprensión cuando encuentra dificultades. La pedagogía, por tanto, se desplaza de la dependencia hacia la autonomía.

Los resultados de PISA permiten observar la magnitud de este proceso. En 2022, Singapur no solamente obtuvo el primer lugar en lectura, sino que también registró 575 puntos en matemáticas y 561 en ciencias, situándose por encima de todos los demás sistemas participantes en las tres áreas evaluadas. En lectura, la OCDE señala además que Singapur presentó uno de los porcentajes más elevados de estudiantes ubicados en los niveles superiores y uno de los más reducidos de estudiantes por debajo del nivel básico. Incluso después de la caída general provocada por la pandemia, Singapur conservó una posición extraordinariamente alta. Entre 2018 y 2022 su puntuación de lectura disminuyó siete puntos, pero continuó liderando la comparación internacional.

 

 

 

 

Lo verdaderamente interesante para otros sistemas educativos, sin embargo, no consiste en copiar literalmente el modelo singapurense, sino en identificar sus principios transferibles. Para países como el Perú, donde la comprensión lectora continúa siendo uno de los grandes desafíos de la educación básica, podría resultar especialmente relevante pasar de una pedagogía que pregunta permanentemente si el estudiante comprendió a otra que enseñe sistemáticamente cómo comprender. Esto supone trabajar antes de la lectura con conocimientos previos y anticipaciones; durante la lectura con inferencias, preguntas, aclaraciones y análisis de estructuras; y después de la lectura con síntesis, argumentación, evaluación y reflexión. También supone ampliar considerablemente la experiencia lectora de los escolares y permitirles entrar en contacto con literatura, textos científicos, noticias, documentos históricos, textos digitales, gráficos, infografías y otros materiales auténticos.

La lección singapurense puede resumirse entonces en una idea aparentemente sencilla, pero de profundas consecuencias pedagógicas: la comprensión lectora no debe ser concebida principalmente como un resultado que se mide en un examen, sino como una competencia intelectual que se enseña, se modela, se practica, se conversa y se perfecciona. El examen puede revelar si un estudiante comprende, pero no necesariamente le enseña a comprender. La diferencia entre ambas perspectivas es fundamental. En el primer caso, la escuela comprueba una capacidad; en el segundo, construye deliberadamente esa capacidad. La experiencia de Singapur demuestra que la excelencia lectora surge de la articulación entre currículo, formación docente, enseñanza explícita, lectura abundante, pensamiento crítico, metacognición y evaluación continua.

 

 

 

 

En una época marcada por la inteligencia artificial, las redes sociales, la sobreabundancia informativa y la circulación acelerada de contenidos verdaderos, falsos y manipulados, esta enseñanza adquiere una dimensión todavía mayor. Leer ya no significa únicamente descifrar palabras impresas: significa determinar qué afirma un texto, qué evidencia utiliza, qué presupuestos contiene, quién lo produce, con qué finalidad, qué información omite y cómo puede contrastarse con otras fuentes. La comprensión lectora del siglo XXI se aproxima así a una forma de ciudadanía intelectual. El estudiante que comprende profundamente un texto posee mayores posibilidades de aprender de manera autónoma, distinguir información de opinión, reconocer argumentos, detectar manipulaciones y participar responsablemente en la sociedad.

El caso de Singapur, por ello, trasciende las estadísticas de PISA. Sus 543 puntos en lectura constituyen un indicador extraordinario, pero detrás de esa cifra existe una concepción educativa en la que leer es aprender a pensar. La gran enseñanza para otros países no consiste en importar una fórmula extranjera, sino en construir dentro de cada realidad educativa una pedagogía semejante en su ambición: enseñar al estudiante a entrar en un texto, dialogar con él, interrogarlo, interpretarlo, relacionarlo con sus conocimientos, cuestionarlo cuando sea necesario y finalmente construir una posición propia. Cuando la escuela consigue que el niño deje de leer solamente para contestar preguntas y comience a leer para comprender el mundo, la comprensión lectora deja de ser una asignatura y se convierte en una de las bases fundamentales de la educación.